“Hermanos míos, la teología de este varón (Francisco de Asís), asegurada en la pureza y en la contemplación, es águila que vuela; nuestra ci...
“Hermanos míos, la teología de este varón (Francisco de Asís), asegurada en la pureza y en la contemplación, es águila que vuela; nuestra ciencia, en cambio, queda a ras de tierra” (2Cel 103; LM 11.2; EP 53).
Fray Benjamín Monroy Ballesteros, Ofm
El sábado pasado escuché la historia de un hombre que había preparado un discurso sobre la lombriz. Cuando llegó el momento de decirlo descubrió, consternado, que el tema era sobre el elefante. Entonces aquel hombre dijo: “Fíjense que el elefante es un enorme animal que tiene una trompa semejante a una lombriz. Y a propósito de la lombriz, la lombriz es así, así, así…”.
Me pasa algo semejante. Preparé una charla sobre Teología Franciscana y en el programa que les repartieron se anuncia así: “El modo de hacer teología en nuestra casa de estudios”. Les diré sencillamente que nuestra casa de estudios es franciscana y en ella se hace —o se debe hacer— Teología Franciscana.
- Teología e historia.
La teología ha estado siempre bajo el impacto de la historia. En los 50 años de historia de nuestro Teologado, las circunstancias históricas han hecho que la percepción de la TF haya variado bruscamente. Parecería que hubiera sido colocada en un sube y baja. ¿Cuál era el clima teológico de la Iglesia católica cuando nació nuestro Teologado?
En 1954 dominaba el Tomismo. Desde que la Escolástica fue restaurada a finales del siglo XIX, “santo Tomás era seguido como “doctor común‟ por la generalidad de los teólogos católicos. Además del tomismo oficializado seguían teniendo cierta vigencia otras Escuelas católicas‟: la molinista/suareciana, en cuestiones de la predestinación y de la gracia; la carmelitana, en espiritualidad; la alfonsiana, en teología moral”[1]. Con un poco más de prestigio por la amplitud de su campo de influencia, por su antigüedad y originalidad de sus maestros, por sus propuestas doctrina- les y su presencia en todos los grandes problemas estaba la “Escuela franciscana”[2].
En este contexto teológico empezó a despuntar una nueva opción. Al finalizar la II guerra mundial se comenzó a hablar de la “Teología Nueva” (Nouvelle Théologie). El Magisterio y la mayoría de sus teólogos la consideraron una amenaza y buscaron en la Escolástica refugio y armas para atacarla.
El concilio Vaticano II dio un giro nuevo al trabajo teológico. La Iglesia, situándose más allá de la Escolástica, volvió a las fuentes de la fe, a la Escritura y a los Santos Padre. Se produjo entonces una nueva situación teológica. Se empezó a ver con recelo el llamado “Escuelismo” de la teología católica[3]. Las escuelas se eclipsaron. Se difundió la opinión de que iban en contra de la libertad y la objetividad científica y que encasillaban en un estilo de pensar. Estar en una escuela significaba tomar una postura determinada de antemano[4]. Cuando estudié teología estaba en su apogeo el eclipse de las escuelas teológicas. Fui formado en una teología común en la cual el maestro común ya no era santo Tomás. Se nos perdió de vista la teología franciscana. Cuando me mandaron estudiar a Roma no me enviaron a nuestro centro de estudios, el Antoniano, sino a la Gregoriana. No sólo se había perdido de vista la TF, sino también gozaba de muy poca estima en nuestra misma familia. Y esto no deja de sorprender puesto que con la renovación conciliar el estilo y muchos de sus postulados saltaron a un primero plano.
- ¿Es válido seguir hablando de una teología franciscana?
En este contexto, algunos teólogos franciscanos empezaron a cuestionar la misma existencia de la TF[5]. Se preguntaban: ¿Podemos seguir hablando de TF? ¿No habrá caído por su propio peso? Había cosas que parecían validar estos cuestionamientos. Algunas de ellas.
- Los grandes maestros franciscanos pertenecen al período de la Escolástica y en la teología posterior a Vaticano II hay un malestar frente a la teología escolástica. Pero, en realidad, esto no debe ser obstáculo para frenar la TF. El desafío es actualizar nuestra tradición franciscana a partir del contexto cultural presente.
- Una de las características de la teología de nuestro tiempo es su carácter ecuménico. Por tanto, hablar de TF parece reducir el horizonte y las perspectivas. Pero en realidad, toda teología se mueve dentro de una tradición. La teología cristiana tiene su punto de partida en Jesús. Lo mismo puede decirse de las otras teologías no cristianas como el budismo, islamismo, hinduismo.
- En fin, algunos veían como obstáculo la nueva metodología de la teología[6]. Los avances en la teología —así lo dice la historia— dependen, en gran medida, del descubrimiento de un nuevo método para adentrarse en la realidad. Cuando la TF gira sobre los grandes maestros medievales no pro-pone métodos nuevos. Sin embargo, después de tanto tiempo de predominio tomista, la TF aparece como una nueva teología. Además, la teología no solamente avanza buscando nuevos métodos, sino también interpretando y actualizando los métodos antiguos. La TF tiene ahora la tarea no sólo de re editar las obras de los grandes maestros franciscanos del pasado, sino de reinterpretar de manera crítica y creativa su pensamiento.
- Una nueva oportunidad para la TF.
Paralelamente a la pérdida de interés por la TF, el posconcilio le ha dado, paradójica-mente, una oportunidad única. En efecto, durante decenios dominó en los ambientes teológicos católicos un mal disimulado recelo y sospecha frente a todo lo que no fuese profesión de tomismo de la más estrecha observancia. El cambio producido en Vaticano II oxígeno a la teología. “Sólo dentro de esta atmósfera de visible liberalización de la teología católica se pudo llegar a escribir la carta “Alma Parens‟ de Pablo VI. En ella J. Duns Escoto —su persona, su enseñanza teológica-filosófica—, logra un puesto honorífico al lado de santo Tomás de Aquino y de san Buenaventura, “los príncipes de la Escolástica‟. Presentado él mismo como “portaestandarte de la Escuela franciscana‟, como “perfeccionador del doctor Seráfico‟. El interesado en la teología franciscana tiene ahora una oportunidad desconocida para el cultivo preferencial y específico de esta rama del saber teológico, sin aquellas difusas presiones externas que podrían interferir su tarea. O disuadirla desde el comienzo”[7]. A la carta Alma Parens (1966) podemos agregar la beatificación de Duns Escoto (1993) y las ediciones críticas confiables de los grandes maestros franciscanos.
Por eso, en los últimos años ha repuntado el interés por la TF. Se han reestablecido cátedras de TF en algunas universidades[8] y hace unos meses se publicó el libro Manual de Teología Franciscana[9]. Estamos volviendo a nuestras raíces, bebiendo de nuestro pro-pio pozo. Eso sí, como lo hemos dicho, no podemos limitarnos a repetir un pasado glorioso. Hay que actualizarlo teniendo en cuenta los nuevos métodos de la teología (por ejemplo, el método histórico crítico) y la situación actual. “La referencia a este glorioso pasado no debe tornarse un menester de arqueólogos ni quedarse en una repetición solemne y reverencial de las excelentes doctrinas que entonces fueron enseñadas. Lo que importa es saber aunar la fidelidad al espíritu de los creadores iniciales, con las inquietudes y respuestas que son pedidas por el hombre de hoy”[10]. La TF tiene que evolucionar hacia una nueva identidad y un nuevo crecimiento.
Si nos atenemos al testimonio de la historia, cuando el franciscanismo ha sido vivido con intensidad ha producido contenidos teológicos elevados. En la medida en que el carisma de san Francisco fue vivido con “originalidad, novedad, hondura y fecundidad produjo, connaturalmente, su correlativa forma mentis: nuevos contenidos teológicos altamente estimables”[11]. Y la teología que surgió de esta forma de vida fertilizó a su vez la vida que la había hecho nacer. El cultivo de la teología no fue sólo una acción espontánea de los maestros franciscanos, sino también fue una tarea impuesta por la misma Iglesia: “La Iglesia era bien consciente de lo que hacía cuando a la Orden de san Francisco, llena de fuerza y entusiasmo religioso, casi diríamos que le impuso el cultivo de la ciencia, cierto nivel de vida, cierto grado de posesión. Quien vea en ello un comienzo de decadencia de su primitivo ideal demuestra tener una percepción parcialista de la vida y una grave ignorancia de las condiciones esenciales que requieren el fomento y el desarrollo de toda vigorosa espiritualidad. Por el contrario, con estas savias normas la Iglesia aseguró a la Orden Franciscana su pervivencia y continua-da fecundidad de acción”[12]. Para evitar que el estilo de vida franciscana se anquilosara fue necesario que cristalizara en un pensamiento organizado. De esta manera se trasmitió a las nuevas generaciones. Podemos constatar que el franciscanismo es tanto una forma de vida como una manera de pensar[13].
- ¿Qué es la Teología Franciscana?
Hablamos de TF. ¿Qué es? La TF es la traducción, al plano intelectual y doctrinal, de la forma de vida de san Francisco y sus Hermanos. De la forma vitae (forma de vida) nace la forma mentis (forma de pensar). En palabras que se atribuyen a san Francisco: “enseña lo que vives y vive lo que enseñas”. El humus de la teología franciscana es la forma de vida. E. Gilson escribía: “Lo que san Francisco sólo había sentido y vivido, san Buenaventura lo iba a pensar… Las efusiones interiores del Poverello iban a desarrollarse en conceptos.”[14]. El estilo de vida de Francisco, su modo de experimentar y vivir el cristianismo, son el momento fundante y su constante término de referencia. Pero no todo que-da aquí. Un teólogo italiano la ha definido así: “La teología franciscana es una lectura y confrontación con la problemática socio-económica, espiritual, religiosa, etc., de un determinado contexto/s cultural/es, realizada desde el interior de la experiencia cristiana de la fe, tal como la viven aquellos que se pro-claman hijos y seguidores de Francisco de Asís‟”[15]. En esta definición encontramos otros elementos esenciales de la TF.
El rol de la Familia Franciscana. Es la Familia Franciscana quien prolonga y actualiza el carisma de Francisco en el seno de la Iglesia, la sociedad y el mundo. Toda la tradición de la Orden Franciscana, desde el comienzo hasta el día de hoy —tanto a nivel teórico como práctico— es el lugar en el cual la “forma de vida” franciscana se ha conservado, actualizado y transmitido.
Los lugares y tiempos. La TF ha conocido diversas actualizaciones de acuerdo a los climas culturales y a las épocas[16]. “La TF ha de ser manejada como una realidad histórico-cultural fluyente, en continuado proceso y devenir. Y éste es su ser, su naturaleza. Hace su camino al andar.”[17]. No es, por tanto, un simple capítulo de la historia de la teología[18].
- Características de la teología franciscana.
Podríamos hablar de los temas propios de la teología franciscana. En esta charla me ha parecido más oportuno hablar del estilo franciscano de hacer teología. La que caracteriza a los teólogos franciscanos “no es la defensa de unas tesis determinadas —cosa que hicieron con cierta preferencia, aunque no de manera demasiado unánime—, sino una determinada manera de pensar y de valorar ciertos aspectos”[19]. No existe “una teología franciscana cerrada… Su peculiaridad no radica tanto en la doctrina cuanto en una espiritualidad propia. Ésta queda concretada en determina-dos móviles intelectuales y modos de pensar, que estructuran y acuñan la teología franciscana. Mucho de esto se halla también fuera de la TF. Pero allí no constituyó, o por lo menos no en igual medida, un elemento configurador del pensamiento teológico”[20]. La TF es, ante todo, una orientación, una dirección, un estilo de pensar en la teología católica[21].
1ª. Una teología católica, disidente y marginal. Siendo una teología plenamente católica es una teología disidente y, por tanto, marginal. En un tiempo en el que casi todo la Iglesia católica seguía a santo Tomás, los franciscanos tenía el privilegio de ser diferentes sin dejar de ser católicos. Era como el fermento en la masa o la sal que da sabor a los alimentos y los preserva de la corrupción[22]. Pero cuando la teología se vuelve evangélica, la teología franciscana deja de ser marginal y se sitúa en el centro[23]. Esto fue lo que sucedió en Vaticano II.
2ª. Centrada en el Evangelio. La característica esencial de la TF es su evangelismo. En el tiempo en que nació había dos opciones: centrarse en la filosofía o centrarse en la Sagrada Escritura. Los maestros franciscanos no dudaron: hay que centrarse en el Evangelio, sin que esto significara un rechazo al pensamiento filosófico. Y es que a una vida según el Evangelio corresponde una teología según el Evangelio. “Esta vida ‘obvia’ a partir del evangelio se traduce ante todo en que Francisco hace suyo, de manera admirable, el lenguaje del evangelio y en que su pensamiento religioso está determinado esencialmente por las categorías bíblicas: su pensamiento no parte tanto de conceptos cuanto de hechos pertenecientes a la historia de la salvación, y sus argumentos se fundan, con un criterio auténticamente bíblico”[24]. Por eso, san Buenaventura se opuso enérgicamente a que se mezclara demasiada agua de filosofía aristotélica en el vino de la teología. Intuía el peligro de una reflexión teológica que se deja influir demasiado por los problemas y soluciones del saber humanos. Esta opción hizo que la TF fuera más bíblica que el Tomismo. Lo podemos ver incluso en Escoto. No obstante que sus escritos tienen más citas de Aristóteles que de la Biblia y que lleva el pensamiento a una abstracción casi insuperable, sus problemas y soluciones tienen un fundamento y un aspecto teológicos. “Esta peculiaridad de Duns Escoto aparece con toda claridad si se comparan sus tesis con las correspondientes de Tomás de Aquino”[25]. Del evangelismo de la TF surgen otras características. Señalamos a continuación algunas de ellas.
3ª. Narrativa. Es narrativa más que especulativa[26]. Parte de la vida, de los hechos, más que de los conceptos. A la escuela franciscana le resulta extraña la teología que ignora —o incluso se avergüenza de— la manera de hablar y argumentar de Jesús. El lenguaje y la mentalidad de Jesús son normativos para una teología cristiana.
4ª. Al servicio de la predicación. Fran-cisco abandonó su resistencia inicial a los estudios de los Hermanos cuando advirtió la necesidad de una preparación adecuada para la predicación: “Ya Francisco de Asís, a pesar de su desconfianza frente al estudio a la teología científica —en la cual veía un peligro para la devotio—, había reconocido la necesidad de que sus frailes tuvieran una formación adecuada con vistas a la predicación”[27]. Cuando en el horizonte de la teología no está la predicación existe el peligro de replegarse sobre sí misma —sobre cuestiones puramente teóricas— y alejarse de la vida real del pueblo de Dios. En cambio, cuando toma en cuenta la evangelización puede alcanzar un auditorio más amplio que el reducido grupo de especia-listas. Estará en condiciones no sólo de alimentar al pueblo con una palabra que puede ser entendida, sino también de enriquecerse con la fe y la vida de los creyentes[28].
5ª. Popular. El teólogo franciscano se da tiempo para estar no sólo en la biblioteca y en el salón de clases, sino también cerca del pueblo, especialmente el pueblo pobre y crucificado. Esto influye en la teología: en el lenguaje, en la selección de temas, en la men-talidad. La cercanía con el pueblo lo capacita para integrar los problemas reales de la gente y no perderse en cuestiones puramente académicas. Ahora bien, el talante popular no está reñido con el estudio serio. No podemos conformamos con una formación teológica elemental argumentando que en los ambientes populares no hay mucha exigencia intelectual. El talante popular de la TF indica más bien un estilo de hacer teología.
6ª. Una teología orante. No solamente habla de Dios, sino habla con Dios. Recordemos la carta de Francisco a san Antonio de Padua: “Me agrada que enseñes la sagrada teología a los hermanos, a condición de que, por razón de este estudio, no apagues el espíritu de la oración y devoción, como se contiene en la Regla”. Dentro de su método, la TF deja siempre un lugar a la oración[29]. Los teólogos franciscanos tenían muy presente aquella sentencia de Evagrio Póntico (345-399): “Si eres teólogo, orarás de verdad, y si oras de verdad, serás teólogo”[30]. Para ellos, “el teólogo es un hombre que ora, por así decirlo, sobre la verdad; en él la oración está entretejida en la verdad”[31]. “Al subrayar y privilegiar la índole contemplativa sobre la dimensión analítica, especulativa, no se intenta desconocer el trabajo analítico sino subrayar que el trabajo analítico y especulativo —incluso el más crítico y acerado de la teología moderna— termine naturalmente en la práctica, en la experiencia del amor que es la auténtica “praxis” (Duns Escoto)”[32].
7ª. Afectiva. El estudio teológico no se puede separar de la contemplación de Dios “porque a Dios se le conoce no sólo por la inteligencia, sino también, y sobre todo, por el amor”[33]. Por eso, la TF es afectiva (el prima-do del amor). El maestro de Escoto, Gonsal-vus Hispanus decía: “El amor a Dios es la cosa más necesaria para el teólogo. Si el teólogo no llega a la caridad, que es la finalidad de la teología, la teología será para él no sólo ociosa, sino perniciosa”[34]. El estudio de la teología es un arma de dos filos. Nos hace mejores o nos hace peores. Puede ser para nuestro bien o para nuestro mal. Si no nos hace más cordiales y amorosos en lugar de beneficiarnos nos perjudica. Para la Escuela Franciscana la primacía no es el conocer sino el amar[35]. Es el amor el que estimula la investigación. Por eso, Escoto colocó la teología entre las ciencias prácticas. En ella se da unidad entre conocimiento, amor y acción. Es una exigencia de san Francisco: “Genuina-mente bíblica es, en fin, la unidad de conocimiento y acción que Francisco siempre exigió e hizo realidad en su vida”[36].
8ª. La belleza del lenguaje. La teología habla de Dios y desde Dios. San Juan escribe: “Dios es amor” (Jn 1Jn 4,8). Y el amor se dice mejor en un discurso poético que en un discurso prosaico[37]. Por eso, Francisco de Asís fue un poeta y muchos de sus seguidores lo han sido. Esto hace que la TF se esfuerce por hablar de Dios en un lenguaje atractivo. “La polivalencia del arte literario vuelve todavía más rico el ‘lenguaje encontrado’ para narrar el gusto amoroso de la fe conocida”[38].
9ª. Libertad de espíritu. Su evangelismo explica en gran manera “por qué en la Orden franciscana nunca se ha dado ninguna decisión que obligara a los teólogos de la Orden a mantener determinadas opiniones de escuela, por qué los teólogos franciscanos han conservado siempre la libertad de espíritu, sobre todo en su época de esplendor, y por qué la auténtica teología franciscana puede decir algo importante incluso al hombre de hoy, en especial al cristiano”[39]. Ahora bien, la gran libertad que ha caracterizado al franciscanismo puede desembocar en actitudes negativas. Una de ellas es el individualismo. Sin las estructuras comunitarias adecuadas —como centros de estudio y de investigación, órganos de divulgación— los esfuerzos por presentar la TF a los hombres de hoy se diluyen. Serán intentos meritorios a nivel personal. Por eso, la libertad debe ir unida a la fraternidad. Es otra de las características de la TF.
10ª. Fraternidad y estudios. Me limito a explicar esta característica de la TF con un relato. Cuenta Tomás de Celano que Francisco propuso a sus hermanos una parábola:
“Se celebra – dijo – un capítulo general de todos los religiosos que hay en la Iglesia. Y como quiera que concurren letrados y no letrados, sabios y quienes sin tener ciencia saben agradar a Dios, se encarga un discurso a uno de los sabios y a uno de los simples. De-libera el sabio, como sabio al fin, y piensa para sí: “No ha lugar a ostentar ciencia donde hay perfectos sabios, ni está bien que, diciendo cosas sutiles ante personas agudísimas, destaque yo por mis alardes. Acaso consiga más fruto hablando con sencillez”.
“Amanece el día señalado, se reúne la asamblea de los santos, hay expectativa por oír los discursos. Se adelanta el sabio, vestido de saco, cubierta de ceniza la cabeza, y, predicando más ante la admiración de todos con su compostura, dice con brevedad de palabra: “Grandes cosas hemos prometido, mayores nos están prometidas; guardemos éstas, suspiremos por aquéllas. El deleite es breve; la pena, perpetua; el padecimiento, poco; la gloria, infinita. De muchos la vocación, de pocos la elección, de todos la retribución”. Los oyentes compungidos de corazón rompen en llanto, y veneran como a santo al verdadero sabio. El simple dice para sí: “El sabio me ha robado todo lo que yo había decidido hacer y decir. Pero ya sé qué he de hacer. Sé algunos versos de salmos; haré el papel de sabio, ya que él ha hecho el de simple”.
“Llega la hora de la sesión del día siguiente. Se levanta el simple, propone como tema el salmo escogido; e, impulsado por el Espíritu, habla tan fervorosa, sutil y devotamente merced a la inspiración divina, que todos, con asombro, confiesan convencidos: “El Señor tiene sus intimidades con los simples»” (2Cel 191).
¿Dónde está el sabio, dónde está el simple? Cuando la teología se estudia y se hace en la fraternidad, el simple se vuelve sabio y el sabio se vuelve simple. Ya no hay distinciones.
11ª. Gozosa. No entiendo por qué la teología y el estudio de la teología tengan que ser algo aburrido y enfadosa. La Escuela franciscana nos dice que la teología no es una ciencia sosa sino gozosa. Con todo y que es un trabajo arduo y a veces extenuante la alegría no puede faltar. En el desierto también hay belleza. Es una dimensión esencial de toda auténtica teología cristiana y franciscana. La teología se ha definido como “ciencia de la salvación” y la salvación produce alegría[40]. San Buenaventura definía la teología como “una ciencia sabrosa, una ‘ciencia sápida’“[41]. Si el estudio de las cosas de Dios no produce alegría es que ya no comunica salvación. En la experiencia de san Francisco la verdadera alegría brota de la cruz de Cristo.
12ª. Actitud positiva ante las cosas del mundo. La teología se puede deje llevar por el pesimismo y los teólogos convertirse —según una expresión de Juan XXIII— en “profetas de desventura”. La teología que brota de san Francisco tiene una actitud positiva ante el mundo porque sabe encontrar a Dios en todas las cosas. “En el Cántico di frate sole, el santo saluda las cosas de este mundo como hermanas suyas. Ese amor franciscano a la naturaleza no es pura imaginación visionaria, sino que brota de la capacidad de encontrar a Dios en todas las cosas. Esta misma actitud se halla también en la t. f., sobre todo en el ejemplarismo simbólico de Buenaventura. La creación es un libro en el que, con la ayuda de la Escritura, podemos conocer y encontrar a Dios”[42].
En resumen, la TF es una teología integral “que usa y valoriza toda la enorme potencialidad de la condición humana… Así, conocimiento y amor, antes del cumplimiento último, ‘narran’ la verdad sobre Dios, sobre el hombre y su prójimo, sobre sus relaciones”[43].
Conclusión.
La TF nació porque unos franciscanos sintieron la necesidad de hacerla y la hicieron. Si nosotros no sentimos la necesidad de retomar esta tarea, ¿quién lo hará? ¿Somos consientes de la necesidad de recoger y actualizar el patrimonio teológico de la rica tradición franciscana? ¿Lo hacemos? ¿Queremos hacerlo? Sé que no es una tarea fácil, sobre todo porque nace de un estilo de vida. Hay también otros obstáculos. La historia muestra que ha dividido a los franciscanos ya desde la primera hora. Dentro de la Orden han existido tiempos de hostilidad hacia el cultivo y los cultivadores de los estudios teológicos. Por eso, A. de Villalmonte piensa que el principal obstáculo para la TF es la misma familia franciscana. Me parece que lo importante es comprobar si hay franciscanos que quieran dedicarse a esta tarea, se decidan a hacerla y reciban el apoyo de la fraternidad. Después de 50 años de nuestro Teologado, podemos hacer algo, aunque sea modesto. Señalo algunas tareas. Los asistentes pueden añadir otras.
- Recuperar el estilo de la TF no para entrar disputas con las otras escuelas, sino para servir a la Iglesia a partir de nuestro propio carisma. No se trata de encerrarnos en una escuela. Es necesario continuar con una formación teológica global pero sin descuidar nuestro particular estilo de hacer teología.
- Incluir un taller de TF dentro del pro-grama en donde no sólo se exponga el pensamiento de los grandes maestros franciscanos, sino también se haga el esfuerzo por actualizarlos. No estudiarlos como piezas de arqueología[44].
- Publicaciones. Se ha escrito mucho sobre san Francisco y su espiritualidad. Disponemos de abundantes estudios sobre su vida, su espíritu, el ambiente en que vivió, su misión profético-carismática en la Iglesia. Sin embargo, la correlativa reflexión teológica es más bien pobre[45]. En nuestra Provincia tenemos este pecado de omisión.
- Trabajar en equipo. Una golondrina no hace verano. Mi experiencia me dice que esto no es fácil. Al menos he tratado de hacerlo —y lo seguiré haciendo— con aquellos que estén dispuestos a hacerlo.
[1] A. de Villalmonte, ¿Es que necesitamos una teología franciscana?, en Estudios Franciscanos 87 (1986) 695. El autor tiene otros trabajos sobre la teología franciscana: Anto- nio de Padua y la primera teología franciscana, en Estudios Franciscanos 97 (1996) 379-403; El giro antropocéntrico de la teología actual en la perspectiva del beato Juan Duns Escoto, en: Naturaleza y Gracia XLI(1994): Contribución de la teología franciscana a una teología del futuro, en Laturentianum 26 (1985) 702-755; El “Mysterium Christi” del Vaticano II en Perspectiva escotista, en Naturaleza y Gracia 13 (1966) 215-268. A veces aparece como “de Villalmonte” y a veces simplemente “Villalmonte”.
[2] La denominación “teología franciscana” sustituía —al menos en lo referente a la teología/filosofía— a la de “Escuela escotista”, vigente durante siglos: “El cambio de denominación podría deberse al reconocimiento de que con Duns Escoto habría llegado a su mejor desarrollo el pensamiento teológico/filosófico de los franciscanos, en lo que éste tuviere de más específico y original. Subsidiariamente se expresaba la convicción de que el pensamiento de Duns Escoto sería mal entendido si no se le encuadra dentro de la tradición doctrinal de la Fraternidad franciscana” (A. de Villalmonte, o.c., 683, nota pie página número uno).
[3] Desde finales de la Edad Media los grupos y órdenes religiosas interesadas en el estudio de la teología formaron “Escuelas” en torno a alguno de los doctores más eminentes, cuyas enseñanzas se comprometían a seguir. Los dominicos declararon doctor de su Orden a santo. Tomás de Aquino, los carmelitas a Juan de Baconthorp (carmelita inglés del siglo XIV), los agustinos eremitas optaron por Egidio Romano (1243- 1316). Los franciscanos proponían varios doctores: Alejandro de Hales, Ricardo de Mediavilla. Pero sobre todo san Buenaventura y Duns Escoto. La costumbre de agruparse en Escuelas siguió vigente durante el Renacimiento escolástico de los siglos XVI y XVII.
[4] Una cosa es el “escuelismo” (un extremo) y otra cosa son las “Escuelas”. Las Escuelas son inevitables. La teología cristiana parte de una postura determinada, como sucede con la teología budista o musulmana. El rechazo a las Escuelas anula la riqueza propia de las diversas teologías. Esta diversidad de teología está presente en los mismos evangelios.
[5] Por ejemplo, en Alemania: Hermann Josef Lauter, Franziskanische Theologie für unsere Zeit, en Wissenschaft und Weisheit 33 (1970) 1-5 y Justin Lang, Gibt es heute eine franziskanische Theologie?, en Franziskanische Studien 57 (1975) 37-46. En Italia: Giovanni Iammarrone, Possibilitàl, senso e compiti di una “Teologia Franciscana” in sé e per il momento attuale, en Miscellanea Francescana 78 (1978) 339-356. En España: A. de Villalmonte, ¿Es que necesitamos una teología franciscana?, en Estudios Franciscanos 87 (1986) 683-718.
[6] Entre otras cosas, pasamos de una teología de carácter jurídico y copada por la autoridad a otra de tipo histórico y más independiente de la autoridad.
[7] 7 A. de Villalmonte, o.c., 706.
[8] El Centro de franciscanismo de la Provincia “Nuestra Señora de Guadalupe” de Centro América, dirigido por Fr. Pedro O‟ Neill, ofm, programó un Curso de Teología Franciscana a distancia: Curso de Teología Franciscana, “Juan Duns Escoto”. La inauguración tuvo lugar el día 19 de febrero 2003, El Curso durará 6 años y el reconocimiento académico lo da la Universidad de los PP. Jesuitas, Rafael Landivar, en Guatemala. Cátedra “San Buenaventura”, dotada por los Ministros Provinciales de los PP. Franciscanos de España, adscrita a la Facultad de Teología y cuyo objetivo es hacer presente en cursos monográficos el pensamiento de la Teología Franciscana en la Universidad Pontificia de Salamanca (UPSA).
[9] Obra coordinada por José Antonio Merino y Francisco Martínez Fresneda. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 2003, 526 páginas.
[10] A. de Villalmonte, o.c., 687
[11] A. de Villalmonte, o.c., 711.
[12] R., Guardini, El espíritu de la Liturgia, Barcelona, 1946, 84.
[13] “Si el carisma franciscano quiere ser vivido y ofrecido a los hombres con toda su fuerza de convicción a nivel comunitario y social, debe ser vivida simultáneamente como una forma vitae y como una forma mentis, que se completen y se fertilicen en perfecta simbiosis” (A. de Villalmonte, o.c., 709).
[14] E. Gilson, La filosofía de san Buenaventura, Buenos Aires, 1948, 73.
[15] 15 G. Iammarrone, Possibilitàl, senso e compiti di una “Teologia Franciscana” in sé e per il momento attuale, en: Miscellanea Francescana 78(1978)339-356. Cita en p. 344.
[16] Aunque san Antonio fue el primero en enseñar teología, los historiadores piensan que el inicio del estilo franciscanos de hacer teología comenzó cuatro años después de la muerte de san Francisco cuando Alejandro de Hales, profesor de Teología en París, ingresó en la Orden de los Frailes Menores, sin abandonar la cátedra. “En contacto con la Universidad y los estudios comienza el intento franciscano de encarnar en el cuerpo teológico escolar el espíritu de san Francisco. Para ello intentarán, él (Alejandro de Hales) y los sucesores maestros franciscanos, hacer una Teología que sea oración y una oración profundamente teológica; mostrarán científicamente a los científicos de su tiempo que la creación y la naturaleza se pueden contemplar también con ojos franciscanos, como el símbolo y el don el Buen Dios; lucharán para que la razón y la ciencia se orienten hacia la fe y para que la fe sea verdadera servidora de lo humano, pero sin innecesarias fisuras y sin más rompimiento que el producido por el Crucificado. Sí, el Crucificado es el centro de esta teología, que no desea sino la contemplación y la transformación y que por eso es ya una teología del ahora, e la urgencia, de la escatología presente” [M. Arias Reyero, La escuela teológica franciscana, en Cuaderno Franciscanos de Renovación 37(1977)19-32. La cita está en la página 21].
[17] A. de Villalmonte, o.c.,714.
[18] Es lo mismo que ha sucedido con la teología cristiana: se ha ido actualizando a lo largo de la historia. Por ejemplo, el cristianismo, centrado luego de la muerte de Jesús en los testigos oculares, tuvo que helenizarse al entrar en la cultura griega. De igual manera, el estilo de vida de Francisco tuvo que revestirse de escolástica en un tiempo dominado por este método teológico.
[19] W. Dettloff, Teología franciscana, en: H. Fries, Conceptos fundamentales de la teología II, (Cristiandad), Madrid 1979. 766-767.
[20] Friedrich Wetter, Teología de los franciscanos, en SM III, 237.
[21] Cf. A. de Villalmonte, o.c., 718.
[22] El padre Ignacio Larrañaga habla de esta marginación de la corriente franciscana: “La formación clerical, marcadamente racionalista, utilizando la lógica y la abstracción como fuentes casi únicas del conocimiento, se había desentendido durante siglos, de la poesía y la intuición, salvo en la corriente franciscana, subestimando, por decirlo lo menos, la vertiente emotiva e imaginativa de la persona. ¿Resultado? Ya se puede suponer: un hombre, en cierta manera, mutilado, con un vacío difícil de equilibrar en la arquitectura general de la persona” [I. Larrañaga. “El templo de la creación”, en Vida Religiosa 59 (1985) 277-283. Cita en p. 278. El vol. es 59, el número es 9].
[23] M. Arias Reyero constata la marginación en que se tuvo la teología franciscana y las consecuencias lamentables. Se le tuvo como sospechosa de haber sido la causante de los movimientos heterodoxos que se apoyaron en determinadas interpretaciones de san Agustín y se les quiso neutralizar con una interpretación tomista que era incapaz de entenderlos y de dialogar con ellos. Se hace una serie de preguntas: “¿No hubiera sido posible un diálogo más fructífero entre el Protestantismo y el Catolicismo, y entre éste y la Modernidad sobre la base de un agustinismo franciscano? ¿No se habría podido librar el Protestantismo de sus extremas posturas mediante el diálogo con una teología franciscana más homogénea con él y más capacitada para entenderlo que la línea esencialista tomista? La Modernidad, basándose cada vez más en un concepto de libertad, ¿no se habría visto más comprendida e interpelada por el espíritu franciscano que por el tomista? En todo caso el tiempo ha pasado y las hipótesis no pueden recobrar totalmente el pasado. Quizás nos ayuden a recobrar el futuro” [M. Arias Reyero, o.c., 26].
[24] W. Dettloff, o.c., 767.
[25] 25 W. Dettloff, o.c., 768
[26] Cf. A, Cacciotti, Amore e conoscenza nel francescanesimo. Alcuni aspetti, Antonianum 67 (1992) 327.
[27] W. Dettloff, o.c., 766.
[28] Para profundizar en este tema se puede ver: B. Monroy, La teología evangélica medieval. Una teología al servicio de la evangelización, en: Espíritu y Vida 8 (1995) 87-97.
[29] Una hermosa biografía sobre santo Tomás cuenta que, mientras el santo escribía teología, “se puso de rodillas y sintió un impulso de su corazón, dulce e irresistible, que se deshacía en adoración… Enseguida, sin embargo, reaccionó. No podía permitirse tales delirios amorosos durante el tiempo de trabajo. Así, pues, la pluma de ganso siguió deslizándose sobre el terso folio…” [Louis de Wohl, La luz apacible, (Ed Palabra), Madrid 1992, 206]. San Buenaventura integraba en sus escritos el impulso del corazón.
[30] De oratione 60, P.G. 79, 1179. Citado por A. Ba-rruffo, Teología ed esperienza spirituale, Rivista di Scienza Religiose (RSR) VII/1 (1993) 39.
[31] A. Barruffo, o.c., 39.
[32] 32 A de Villalmonte, o.c., 685
[33] A. Barruffo, o.c., 39.
[34] B. Kloppenburg, Natureza prática da teologia no pensamento escotista, REB 211 (1993) 637. Theologia non solum est sibi otiosa sed etiam perniciosa. En general, existe en los teólogos franciscanos esta convicción: “una teología sin praxis es perjudicial y nociva. Más para ellos la praxis en teología significa el amor a Dios en cuanto acto lícito de la voluntad, naturalmente posterior a la intelección y, al mismo tiempo, según una intelección que rectamente nace del conocimiento iluminado por la Revelación”(B. Kloppenburg, o.c., 638).
[35] Cf. F. Wetter, o.c., 238.
[36] W. Dettloff, o.c., 767
[37] Cf. J. García, Theologie et expression poetique, en : Revue des Scienses Religeuses 68/2 (1994) 173-196.
[38] A, Cacciotti, o.c., 327
[39] W. Dettloff, o.c., 770.
[40] R. Latourelle, Teologia scienza della salvezza, (Cit-tadella Editrice), Assisi 1980.
[41] A. Nguyen Van Si, La thèologie de L’imitatio du Christ d’après Sain Bonaventure, (Antonianum), Roma 1991, 18.
[42] F. Wetter, o.c., 240.
[43] A. Cacciotti, o.c., 328.
[44] Es necesario aplicar los métodos teológicos actuales y aplicar los tres pasos del método teológico: introspectivos, retrospectivo y prospectivo.
[45] En 1931 un teólogo franciscano, Beda Kleinschmidt, escribía: “Nuestra actividad científico-literaria, tanto en la publicación de revistas como en la publicación de libros, anda retrasada.” (A de Villalmonte, o.c., 688). La situación no he mejorado significativamente. Al menos en México andamos muy retrasados. Las causas pueden ser muchas: sigue pesando la desconfianza de Francisco hacia los estudios, mediocridad intelectual y estructural de nuestra parte, falta trabajo en equipo.
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